Cómo condiciona nuestro lenguaje, la relación de los humanos con los perros

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Cuando hace unos años estudiaba Integración Social gané conciencia sobre la importancia y el valor del lenguaje. De cómo denominamos a otras personas y de cómo está denominación condiciona la manera en la que podemos llegar a percibirlos y generar prejuicios y estereotipos, en definitiva a relacionarnos con ellos.

Pondré varios ejemplos para que se pueda entender con claridad.

Incluso en el mundo de lo social, hasta hace bien poco se hablaba de discapacidad o minusvalía a aquellas personas con algún tipo de diversidad psicomotriz, auditiva, visual o cognitiva, empleando ya no solo las palabras discapacitados o minusválidos, sino también sordo, ciego etc. A día de hoy por fortuna esa terminología está obsoleta, el lenguaje ha evolucionado hacia una mayor capacidad de entender las necesidades del otro, de empatizar y de respetar la diversidad y la diferencia, y eso ha sido un gran logro, que ha empezado en el mundo de la educación social y de la atención a las personas y se va a ir extendiendo hacia el conjunto de la sociedad, llegando el día en que al escuchar a alguien refiriéndose a otra persona de cierta manera será considerado como irrespetuoso.

Exactamente lo mismo pasa en el mundo de la educación canina. Debe -y en mi opinión ya a empezado- cambiar la forma en la que utilizamos el lenguaje y la terminología cuando hablamos sobre los perros, sus dificultades de comportamiento y sus relaciones con los humanos.

Por ejemplo, cambiar expresiones como ¨tengo un perro¨ por la de ¨convivo con un perro¨puede parecer una chorrada, pero no lo es. Su efecto en nuestro cerebro, en nuestras creencias, valores y principios, genera un efecto de conciencia que no lo generan expresiones con una connotación negativa o pre-juiciosa. Del mismo modo que no es lo mismo hablar de ¨sordos¨ que de ¨personas con diversidad funcional auditiva¨, sí, puede ser más largo, pero sin duda es más respetuoso y con un fondo y trasfondo de comprensión y valor hacia el otro, hacía lo diferente que sin duda es uno de los elementos que ayuda a construir una sociedad más respetuosa y tolerante.

Lo mismo sucede en la educación canina, debemos de cambiar, sustituir terminología (yo el primero) como por ejemplo: propietario, por compañero humano; perro agresivo, por un perro con comportamientos agresivos; tengo un perro, por la de convivo con un perro; saco al perro, por la de paseo con el perro; mascota, por perro, gato, compañero…y como estas otras tantas. Según el valor que le demos a las palabras, le estaremos dando a la relación con nuestros perros. Y no nos equivoquemos, la construcción de un mundo mejor, pasa por la relación que tengamos con la naturaleza y los animales.

No podemos ver a los animales, -en este caso a los perros- como meros objetos, herramientas que satisfacen algunas de nuestras  necesidades. Tan solo mejoraremos nuestra relación con ellos, si los vemos como compañeros de vida, como miembros de la familia, dándoles el auténtico valor que tienen y valorándose por lo que son y cómo son, y no por lo que nosotros queremos que sean.

O expresiones como por ejemplo, ¨llevo un día de perros¨ claramente con una connotación negativa. Cuando realmente si nos paráramos a pensar un poco, un día de perros, sería algo maravilloso.

El lenguaje es importante en la relación con ¨nuestro¨perro, tengámoslo presente.

Tony Martínez – Educador canino

¿Qué estamos haciendo con los perros?

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Vivimos en la era del estrés, de muchas horas laborales, de largos desplazamientos para llegar al trabajo, de la prisa, de la desvalorización de principios y valores tan fundamentales como la honestidad, la humildad, la sinceridad, el respeto, a invertir mucho tiempo y dinero en tecnologías…algunas de ellas beneficiosas muchas de ellas absurdas, que nos conllevan a una desnaturalización y desvinculación de la naturaleza.

Exactamente lo mismo le estamos haciendo a los perros, los hemos desvinculado de la naturaleza y de las relaciones con sus iguales, que son la causa de muchos problemas de comportamiento. Luego para colmo llegamos los humanos con nuestras teorías de Dominancia, herramientas de tortura (collares de pinchos, ahogo etc.) o en el mejor de los casos el dispensador de premios, para acabar de desnaturalizar lo natural, las relaciones y el contacto con la naturaleza.

Esta desnaturalización ha llevado y está llevando al perro a perder condiciones de especie y a tener que satisfacerlas y canalizarlas de otra manera, para aliviar el malestar que le genera.

No hace tanto tiempo, cuando yo era pequeño (en la época de los noventa y principios del dos mil) recuerdo que en mi misma calle de la ciudad de Terrassa (Barcelona), habían dos familias que llevaban al perro suelto e incluso le habrían la puerta, el perro se iba y cuando le parecía volvía. Estos perros se iban, hacían sus cosas de perro y luego volvían cuando ellos consideraban oportuno. De esto estamos hablando de hace unos 15 – 18 años, no más.

Con este artículo quisiera reflejar una reflexión personal que me conlleva a una pregunta ¿qué estamos haciendo con los perros?

Para mi la respuesta es que los estamos desnaturalizando a marchas forzosas, los estamos apartando para lo que están hechos, para satisfacer una serie de necesidades de cánido que NO les estamos favoreciendo y permitiendo experimentar, vivenciar, aprender y disfrutar. Por eso es tan importante cambiar el paradigma de la educación canina y de qué supone convivir con un perro, que no es lo mismo que tener un perro. Una persona tiene un objeto, con un ser vivo y social como es el perro, se convive y se comparte, no se tiene.

Lejos de imponer, debemos favorecer, favorecer que el perro pueda ser perro y cubrir sus necesidades (algunas de ellas iguales a las nuestras, otras diferentes) y al mismo tiempo aprender de la maravillosa experiencia que supone convivir con un perro.

Fruto de nuestro propio proceso de desnaturalización, estamos haciendo que los perros vayan dejando de cubrir sus necesidades en favor de los problemas de comportamiento.

Digo que nosotros, los humanos, estamos en un proceso de desnaturalización, ya que muchos niños de hoy en día, no saben relacionarse con su perro, pretenden que haga lo que a ellos les apetece, cuando en realidad deberían de establecer con el acompañamiento de los adultos una relación próxima, de amigos, de compañeros, de familia y no de nobles y plebeyos. Los niños están perdiendo esa capacidad de entender a los perros, de admirarlos y respetarlos por lo que son.

Vivimos en un entorno extremadamente urbanizado y los perros también lo sufren, sufren el estrés diario de nuestra sociedad, de nuestro ritmo de vida caótico, nuestra vida de prisas y angustias. Y en realidad ellos, nos están dando un mensaje que lleva implícito un gran aprendizaje de vida “tómate la vida con más calma, no vas por buen camino y yo también estoy sufriendo las consecuencias”. Lo peor de esto es que estamos siendo incapaces de ver e interpretar ese mensaje.

Los llevamos atados, les ponemos collar o arnés, decidimos: cuándo, dónde y qué cantidad de tiempo salen, con quién se relacionan, qué comen, dónde duermen,si se suben al sofá, si se suben a la cama, si se reproducen o no e incluso decidimos sobre sus últimos momento de vida…¿no creéis que quizás decidimos demasiadas cosas? Por lo menos ya las que decidimos, decidámoslas bien, en su beneficio y en beneficio de la convivencia respetuosa y saludable.

Ya es hora de dejarles hacer más y nosotros hacer menos.

Tony Martínez –  Educador Canino

Teléfono: 645 382 169

www.tonymartinezeducacioncanina.com

Bajo el paradigma del control

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El control es esa medida que ejercemos en nuestra relación con los perros como un aspecto más de nuestra relación con ellos, y que por desgracia ha llegado a un punto en que se ha normalizado. Muchas personas que conviven con perros no se plantean o aún no han llegado al punto de plantearse una relación basada más en la confianza y el respeto, y menos en el control.
Personalmente pienso que no existe mejor control que el autocontrol. Y los perros pueden llegar a autocontrolarse en su vida diaria en la gestión de muchas situaciones con tal de que la dinámica de la relación sea fructífera y productiva para la propia relación en sí. No es cuestión de utopía, es cuestión de funcionamiento social.
Cuando favorecemos que un perro dependa de lo que nosotros le decimos o le exigimos para poder gestionar cualquier aspecto de la vida cotidiana, lo único que estamos favoreciendo es un falso control y una limitación de las capacidades intrínsecas de los perros para poder gestionar las situaciones de una forma autónoma, y de esta forma aumentar su grado de autonomía y capacidad de gestión.
Si nos detenemos a pensar un poco, podemos ver que ejercemos un control desmesurado sobre cualquier aspecto de la vida diaria de los perros. Ejercemos control sobre: cuántas veces pasea al día; cuánto tiempo dura el paseo; sobre qué come y dónde come; sobre donde duerme y donde no y hasta con quién duerme; sobre que material de paseo utilizamos en muchos casos sin ver si es lo mejor para nuestro perro; sobre con quién se relaciona y con quién no…De todo esto ¿cuánto le permitimos al perro decidir y gestionar? En la mayoría de los casos nada.
Coartamos muchas de sus cualidades y capacidades intrínsecas (entre otras causas) de nuestros propios miedos e inseguridades, sin llegar a poner en valor lo que realmente importa y es necesario para la vida de un perro y nuestra relación con él: la satisfacción de sus auténticas necesidades, no las nuestras.
Necesidades que pasan a ser cubiertas por ejercer menos control de nuestra parte y permitir al perro una mayor gestión de su día a día. ¿A caso no nos sentimos mejor, más seguros de nosotros mismos, con más confianza de nuestras capacidades, habilidades etc. cuando podemos decidir qué hacer, cómo y dónde? Cuando podemos gestionar algo por nosotros mismos, aunque nos equivoquemos…Al final, la autonomía es una de las ramas del árbol de la felicidad y proporciona salud mental. Sin autonomía, no tenemos capacidad de gestionar nada sobre nuestra vida. Hacer un ejercicio de empatía por un solo instante: imaginaros que alguien ejerciese sobre vosotros un control casi constante y que por el filtro de la decisión e interpretación de ése alguien pasasen la inmensa mayoría de las cosas, situaciones y aspectos en los que se basa vuestra vida a diario. ¿Cómo os sentiríais? Si queréis podéis apuntarlo aquí debajo:
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Después de todo, el pararnos un poco y reflexionar sobre estos aspectos, es lo que puede llevar a una mejora en la calidad de vida del perro y nuestra, y de nuestra relación con él.
Pienso firmemente que como seres humanos, como compañeros de vida de nuestros perros y los profesionales de la educación canina, y el conjunto de la sociedad, tenemos el deber de desarrollar la capacidad crítica suficiente de cuestionarnos si la relación que tenemos con nuestros perros es todo lo buena que debería de ser y si no lo es, intentar encontrar la forma de mejorarla, sin la aplicación de castigos, maltrato, dominancia absurda, patriarcado aplicado a la educación canina, etc.
Tengamos presente en nuestra relación con nuestros perros: el no hacer, como hacer y el dejar hacer (al perro) como hacer. Los humanos solemos hacer demasiado, muchas veces lo innecesario y casi siempre desde un dogma y un paradigma del control excesivo. Uno es el dogma del conductismo y bajo el paradigma de control, -del cual va el presente artículo- y como consecuencia un daño colateral que es el miedo (del propietario) estrechamente relacionado con el control.
Nuestra propia cultura contiene grandes cantidades de control, un control en muchas ocasiones desmesurado que extrapolamos y ejercemos a los perros mediante: los castigos y/o refuerzos, la teoría obsoleta de la dominancia, el patriarcado aplicado a los perros, como organización social, ejerciendo así un desequilibrio en la relación.
Al fin y al cabo, no dejan de ser mecanismos a veces excesivamente autoritarios y poco o nada educativos de control, argumentados en la mayoría de ocasiones como límites, los cuales en realidad no dotan a la relación de límites, sino, realmente de falso control, de coacción de la libertad y de no permitir el desarrollo de las capacidades, habilidades y potencialidades innatas de los perros de poder decidir y gestionar mejor las situaciones que se van dando a la largo de su vida, y en el día a día. Es la posibilidad de decidir y desarrollar un criterio propio, lo que favorece que el perro vaya extrapolando cada vez más y mejor sus capacidades de autocontrol y de autogestión a todos sus ámbitos de su vida.​
No menos importantes son los estereotipos, los prejuicios como por ejemplo (la estigmatización de las catalogadas razas potencialmente peligrosas, la prohibición del acceso de los perros en la mayoría de comercios públicos) y los miedos e inseguridades personales (se va a escapar, se va a pelear con otro perro) etc. Cuando realmente el auténtico paradigma positivo sería el paradigma de favorecer y fomentar la confianza en el perro, y así su capacidad de gestión y autocontrol.
Para finalizar este artículo de reflexión, poneros por un instante en el lugar del perro y aceptar todas las directrices que os son dadas por vuestro compañero humano.​
Por una mayor libertad de ser de los perros,​

​Tony Martínez – Educador canino

¿Collar o arnés?

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En el presente artículo, hablaré sobre qué es lo mejor para nuestro perro durante el paseo, si el collar o el arnés.
Cuando mencione collar, me referiré al collar normal, es decir, no a collares que producen dolor por diversos mecanismos como son el de ahogo, el de pinchos o castigo, el eléctrico o el de citronella.  La respuesta rápida a la pregunta que conlleva el título del artículo es…sin duda el arnés. ¿Por qué el arnés? El arnés proporciona seguridad y comodidad al perro.
Hemos de pensar que el cuello del perro es una de sus partes más sensibles y tiene mucha importancia en la comunicación y regulación química del perro, porque es donde se encuentra la tiroides. Si como consecuencia de un mal uso del collar (tirones por nuestra parte) podemos dañar la tiroides del perro y como consecuencia el perro puede tener a parte de los problemas orgánicos, problemas de comportamiento, producidos por el daño ocasionado en la tiroides. Y ya no digamos con el uso de los mal llamados collares educativos.
Como veremos en la siguiente tabla a parte de dañar la tiroides, con un mal uso del collar podemos causar lesiones, en la tráquea, laringe, faringe, esófago, cuerdas vocales, médula espinal, oculares etc.

Tony Martínez –  Educador canino

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La importancia del descanso

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​El descanso es importante en cualquier ser vivo, para recuperarse del desgaste físico y mental, que supone en sí misma la supervivencia (cazar, cuidar de las crías, interacción social, juego, vigilancia del entorno etc.)
Igual de importante es el descanso para nuestros perros y gatos, (aunque ya no tengan que cazar, debido al proceso de domesticación), que lo es para nosotros. Sin descanso nuestra vida y la de nuestros perros y gatos (mamíferos todos), duraría días, sería imposible que los cerebros y cuerpos aguantasen, ya que necesitamos del descanso y del sueño, para poder recuperar energías, metabolizar ciertos alimentos y consolidar los aprendizajes.
Probablemente, algunos de vosotros, habréis leído o escuchado hablar frases como por ejemplo, “que vida de perros” o “que perro que es” a personas que duermen mucho, o descansan durante mucho rato. Dependiendo del contexto en que se realice dichas frases, va relacionado con el descanso y el sueño de los perros. Los perros duermen y descansan muchas horas y algunas más los gatos.
En el caso de los perros su descanso oscila en una media de unas 12-16 horas de sueño. Y en el caso de los gatos en una media de unas 16-20 horas. En el descanso, tan importante son las horas descansadas, como la calidad de las mismas.
Para favorecer la calidad del descanso y del sueño, debemos de proporcionar un lugar amplio y cómodo, para que nuestro perro o gato, pueda descansar y conciliar el sueño de una manera cómoda, segura y placentera, de manera que pueda estirarse en horizontal, con toda amplitud y comodidad. Si esto no lo favorecemos, el descanso y sus periodos de sueño, no serán de calidad, y podrían llegar a tener problemas de comportamiento, debido a un pobre descanso.
Los perros y más los gatos suelen elegir sitios altos, amplios y mullidos para descansar y dormir, como las camas, sofás etc. Si no queremos que nuestro perro se suba al sofá o a la cama, deberíamos de proporcionarle una alternativa muy similar a dichos espacios, para que el perro pueda disponer de un espacio de calidad para poder descansar y dormir. A los perros en concreto les gusta dormir acompañados, debido a que son un mamífero social y como tales, prefieren dormir acompañados, por algún miembro de la familia que no hacerlo solos. Los perros son, durmientes sociales.
Un aspecto muy importante y que muchas veces se suele ignorar, es que, no debemos molestar a nuestro perro o gato, cuando está descansando o durmiendo (¿a quién le gusta que le molesten cuando está durmiendo o descansado?). Hay que ser conscientes de la importancia de dejarlos tranquilos, sin que nadie los moleste, especialmente los niños, ya que estos son verdaderos especialistas en querer interactuar con el perro o el gato, cuando estos menos quieren y necesitan.
En el caso de los perros de trabajo o de perros que realizan algún tipo de deporte canino (Agility, Canicros, etc.), o realizan excursiones a la montaña etc.se debería de contemplar y favorecer con especial atención el tiempo y espacio de descanso, ya que así, estaremos cuidando su salud física y también mental.
Cuidando y fomentando el descanso y el sueño de calidad, estaremos favoreciendo una parte muy importante de las necesidades y vida de nuestro perro o gato. Así que debemos tomarnos el descanso como algo primordial i nunca mejor dicho…vital.

​Tony Martínez –  Educador canino

Teléfono: 645 382 169

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